martes, 30 de noviembre de 2010

¿A quién corresponde la educación?

Pareciera que los padres consideran y pueden decidir sobre el trabajo del docente en el aula y en los exámenes de sus hijos.Se creen jueces y lo recrimina todo.
Los padres se mantienen al margen del colegio hasta que la situación se agrava y actuan de forma violenta ante los docentes, que hace meses que les invitan a reuniones a las que se resisten a asistir.
Los 'valores', como dicen los más puestos, se inculcan en la familia. La educación, los modales, como dicen los más, es cosa de la familia. A este coro se suman los profesores que, con un lenguaje o con otro, están de acuerdo en que los niños han de llegar 'educaditos' a la escuela y que ellos, los profesores, lo que tienen que hacer es enseñarles matemáticas, lengua o lo que sea. Nada de esto impide que todos estén de acuerdo con que los niños desde bien pequeños vayan todo el día a la guardería, o que se escolaricen a los tres años, o que se amplíe el horario de los centros para que puedan estar allí desde las ocho y media hasta las siete y media. Todos están, también, de acuerdo en que 'antes, era la familia la que educaba'. Yo no sé por qué empiezo a pensar que debo de ser de los pocos que tienen memoria. Los niños, antes, en ese antes idílico del que hablan, se educaban según su situación familiar. Los niños bien, con las niñeras, las nurses o las institurices, según categoría y preferencias de las familias. En cuanto que tenían edad para la escolaridad - algunos incluso antes de tenerla - los mandaban internos o medio pensionistas. Internos de verdad, de los que sólo iban a casa en vacaciones; cortas, mucho más cortas de lo que ahora suponemos. En las familias menos pudientes, de clase media, los niños estaban en manos de las muchachas o de la niñera y en cuanto que iban al colegio podían, ellos también, ir internos o medio pensionistas. Pocos volvían a sus casas a comer, menos aún pasaban el tiempo que quedaba antes de la hora de acostarse con sus padres.

    Eran las familias de clase media baja, la clase media baja de entonces, los que más estaban con sus hijos, los que personalmente más se ocupaban de ellos. De todas formas, coincidían en aquello de mandar los hijos con las monjas o los frailes de este o aquel colegio ' para que los educaran' y eran efectivamente aquellas monjas y aquellos frailes los que les educaban, duramente incluso. Si un chico o una chica se desmandaba, si no respondía a los modelos era amenazado por sus padres con mandarle a un colegio más riguroso o interno si no lo estaba. Aquello no era una falsa amenaza y los chicos lo sabían. 

No sólo se han olvidado estos detalles, sino que se ha olvidado su sentido. Es significativo el deseo de las actuales clases medias de deshacerse de la tarea de educar, delegando en otros como siempre, a pesar de los cambios de lugar y de sociedad.
Las componendas no valen, las medias tintas tampoco, eso que ha dado en llamarse las negociaciones menos aún. En definitiva la educación de los menores es cosa de todos.

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